Sirva este breve texto como el primero de muchos que espero escribir.
Hace tiempo que vengo pensando cuál es la mejor forma de conservar los aprendizajes y experiencias que la vida corporativa me ofrece. Como dice un proverbio bíblico, son tesoros que podemos acumular para recurrir a ellos cuando se necesitan. Más de una vez me ha pasado que, después de recibir un golpe, pienso: por aquí ya había pasado... esto ya lo había aprendido. No es el mejor sentimiento, pero el aprendizaje siempre se agradece.
Y dado que no me he decidido por el mejor método para documentar y compartir estos aprendizajes, he decidido empezar aquí: simplemente comenzar a escribir para no perder más tiempo. Supongo que esto es el inicio de un blog.
Por qué Trinchera360
Al contarle a algunas personas la idea, recibida por unos con indiferencia, por otros con incredulidad, entusiasmo o inspiración, recibí una pregunta que se quedó rondando en mi cabeza y retrasó aún más el proyecto: ¿Cómo le vas a llamar? En realidad, no había pensado en ponerle un título, pero la idea me hizo sentido. Los canales de YouTube, los documentos que suelo elaborar y prácticamente cualquier material que exceda unas pocas líneas, llevan un título.
Así que, después de meditarlo brevemente, me decidí por este: Desde la trinchera. Lástima que ya estaba tomado, por lo que lo rebauticé como Trinchera360.
Podrá sonar exagerado para algunos, pero el símil me resulta difícil de superar. La empresa donde trabajamos no es nuestro hogar: es el lugar al que vamos a enfrentar retos, competencia, a vivir en ocasiones con ciertas incomodidades y a colaborar con otros para ganar la batalla de cumplir con el presupuesto anual o alcanzar la meta de participación de mercado. Vemos a algunos sucumbir y a otros ser promovidos a mayores rangos. También es el lugar donde podemos llegar a sentirnos tan cómodos que no queramos asomar la cabeza fuera de ella.
La trinchera no es el hogar
En esta trinchera podemos desaparecer, acomodarnos, pensar que es nuestra y olvidar que existe todo un campo de batalla alrededor. Aun así, la trinchera no es nuestro hogar; debemos aprender no solo a sobrevivir, sino a prosperar y hacer avanzar a quienes están con nosotros.
Casi puedo oír el típico comentario: “No te olvides que la vida no es un juego de suma cero”, y no puedo estar más de acuerdo. Pero tampoco es un juego de “siempre ganar-ganar”. Cuando hay un ascenso, se lo otorgan a uno de todos los candidatos. Una licitación la gana uno solo de los participantes, y el liderazgo de mercado tampoco es un espacio para multitudes.
Qué esperar
Aquí compartiré experiencias, ideas y aprendizajes, propios y ajenos, así como cualquier conocimiento que me haya servido y que pueda ayudar a otros a avanzar en su carrera corporativa.
No es un ejercicio de altruismo, sino la mejor forma que encuentro de fijar el conocimiento y, a la vez, seguir el consejo de un amigo que me animó a tomar más tiempo para meditar, pensar y analizar. La trinchera corporativa puede ser muy intensa en reuniones, fechas de entrega, emergencias e imprevistos. Escribir me ha ayudado en otras épocas a convertir las experiencias en aprendizajes, a estructurar esos aprendizajes en teorías y principios y, finalmente, a ponerlos a prueba, experimentarlos y, de paso, ayudar a otros que luchan en sus propias trincheras.
Un último ofrecimiento a los lectores que puedan asomarse por aquí: compartiré mi punto de vista, lo que me ha servido en el contexto en el que me encuentro y lo que concluyo desde la trinchera en la que opero. Mi opinión podrá diferir de la de otros que tengan experiencias distintas, y está bien que así sea. Dos puntos de vista pueden dar una mejor perspectiva que uno solo.
¡Hasta pronto!